lunes, 30 de mayo de 2011

¡Que tiempo tan feliz... la, la, la, la, lala...!




Leyendo la ultima entrada me ha venido a la cabeza una de nuestras supersupermegachachi salidas que hicimos con los niños. Los llevamos al circo y allí estábamos las dos, con nuestros respectivos y los niños viendo el espectáculo. Soporífero... Ya no es como antes que salían perritos, osos, tigres, elefantes... Hasta que al final, cuando ya casi estábamos a punto de entrar en coma, SALIO A ESCENA.... FOFITO. Madre mía, la locura desatada. "Hola D Pepito..." "Hola D Jose..." repetíamos a gritos las dos y los niños mirandonos como diciendo : "Que pena, se les ha ido la olla a las pobres". Estuvimos un buen rato cantando como posesas "Susanita tiene un ratón", "En el auto de papa" "Dale Ramon" "Pepe trae la escoba..." y Fofito haciendo bises y dejandose la piel allí. ¡Que emoción! Luego nos hicimos una foto con él y las dos más felices que un ocho. Pa lo que hemos quedao...

Que ha sido de nuestras juergas por Moncloa, los bajos de Orense y Aurrera, tomando finitos en "La Venta el Titi" y Leche de Pantera (litros y litros), con razón no me gusta la leche. En fin. Con que poquito nos conformamos. Que pringás...

viernes, 27 de mayo de 2011

Hoy es mi cumple

Y he decidido que estoy encantada con que lo sea. La verdad, soy muy petarda para estas cosas, y siempre me ha encantado que me tiren de las orejas, que me canten, que me achuchen... Las otras marujas estresadas lo saben, y las pobres hacen el esfuerzo no sólo de llamarme, sino de sacar el repertorio de canciones: desde la de los payasos de "Feliz, feliz en tu día", al típico "cumpleaños feliz" o nuevas versiones como "Ojalá que te pille un tranvía..." y similares.

Hasta hace dos años. Entonces entré en crisis, y decidí que lo de cumplir años ya no tenía maldita la gracia ¡qué narices, hay cifras que es mejor no nombrarlas...! Lo de los -taitantos tiene un punto al principio, pero luego... Por mucho que digan que los -enta son los nuevos -ta, quieras que no cuesta un poco hacerte a la idea...

Un ejemplo: uno de mis regalos de cumpleaños (bueno, realmente el único, pero ese es otro tema para otro día) fueron unas entradas para un concierto de Juan Perro. Entradas que, por cierto, tuve que comprar yo, que también es tema para otro post... Bueno, el caso es que el concierto ¡era en un teatro! En el Español, para más señas. Y el remate: en un palco. Tócate las narices. Que trauma. ¡Me sentía como las señoronas que van a ver a Raphael...!

Joder, si la última vez que le ví (prefiero no echar cuentas de los años...) fue en unas fiestas de San Isidro o similar, al aire libre, con una litrona en la mano, un cigarro en la otra, saltando como una loca y pintada como una mona. Igualita que ahora: con el tacón puesto, maquillaje discretito, el bolso en las rodillas (todo el mundo sabe que si lo dejas en el suelo se te va el dinero y no está el tema para tentar a la suerte...) cantando para dentro sin que se oyera mucho para no molestar al de al lado y aplaudiendo con corrección entre canción y canción.

Aunque debo reconocer que tiene sus ventajas: cuando dejaba de cantar bajito y me dedicaba a escucharle ¡se le oía! y no como pasa en Las Ventas o en el descampado del Vallehermoso donde plantaban la verbena de las fiestas del Carmen, que solo escuchas los berridos de la gente que te rodea y el zumzumzum de la batería que te rebota en las tripas...

¿Será que me estoy haciendo tana...? Por si acaso, he decidido esto: que me vuelve a encantar cumplir años, que estoy estupenda y que voy a disfrutar de lo que se me ponga por delante. Prueba: Me encanta decir los años que he cumplido. Se que las otras marujas me van a matar por lo que voy a hacer pero estoy dispuesta a asumir el riesgo: He cumplido 43. Uno detrás de otro. Con dos cojones (o mejor dicho, dos tetas colgonas, que se le va a hacer).

Y ya he avisado a V: para los 45, quiero una fiesta de cumpleaños sorpresa. Tiene dos años para prepararla, no se puede quejar. Eso sí, le dejo elegir: o fiestecilla o papeles del divorcio, lo que le resulte más apetecible. Y para los 50: VIAJE. Pero no uno cutre, no, uno bien lejos, bien caro y con pulserita ¡para bebérmelo tó! No sea que luego ya no me de tiempo...

domingo, 8 de mayo de 2011

Odio volar

O más bien debería decir que odio los aeropuertos. Más en concreto, los dichosos controlitos de seguridad de los viajeros. Como de vez en cuando tengo que hacer algún viaje de trabajo, me toca jugar al tetris con la maleta, porque me he puesto un reto personal: pasar los controles a la primera. Naranjas. Debo tener cara de terrorista loca, porque por una cosa o por otra, siempre me paran. Así que el día antes siempre la misma historia: a buscar el neceser transparente en el que encajar, no se como, el botecito del líquido de las lentillas, el desodorante, la colonia, la laca mini, el frasco de maquillaje... Imposible. Todo para fuera y a intentarlo de nuevo. Al final consigo encajarlo y cerrar la cremallera pero ¡sorpresa! me he olvidado un bote. Vuelta a empezar. Ya lo he apañado y cierro la maleta, increible pero cierto. ¿Qué ocurre? Que de tanto meter y sacar cosas del neceser y la maleta, raro es el día que no se me olvida algo, cuando no es el cepillo de dientes o el piene son las gafas (y como soy un topo, paso unos días muy divertidos intentando no romperme una pierna cuando me quito las lentillas en el hotel) o las medias de repuesto y luego me toca andar lavando y montando el tendedero de la forma más digna posible.
Y ya llega la hora de la verdad: a pasar por el arco. Bandeja para el abrigo, el bolso, el cinturón, el reloj, la pulserita... Otra para el portátil, que tengo que destripar y sacar todos los cables, para que no se quejen. La maleta, aparte; el billete y el DNI en la boca... Total, que acabo sepultada bajo tres o cuatro bandejas y arrastrando la maleta intentando no perder la dignidad. Llego a la cinta, lo pongo todo, paso por el aro ¡y pita! no puede ser, no llevo nada... Allá que viene la vigilante de turno, que empieza a pasarme el puñetero detector por todas partes. Y yo pita que te pitarás. A todo esto, mi maleta y las miles de bandejas, viviendo su propia vida al final de la cinta y la gente mirando con cara rara.
Ala, zapatos fuera por si acaso, vuelta a pasar por el control, vuelta a pitar, vuelta a intentar localizar mis cosas ¿alguien ha pensado que mientras estoy de un lado para otro me pueden estar robando el bolso o el ordenador...? Noooooo, ni les importa un pimiento, faltaría más. Al final me cachean delante de todo el mundo, y como no me piten los empastes, no encuentro otra explicación.
Segunda fase: a abrir el bolso o la maleta. A la ida, me importa menos, dentro de lo que cabe, pero a la vuelta me molesta un congo, porque menuda gracia me hace que todo el mundo vea mi ropa sucia. Yo creo que lo hacen para pasar el rato, porque debe ser un coñazo estar todo el rato mirando la pantallita de las narices, pero podían buscarse otro entretenimiento. ¡Pero la próxima, la paso a la primera, como que soy una maruja estresada!

lunes, 2 de mayo de 2011

HOY TOCA MAMOGRAFÍA

Hola Marujas, hoy vamos a hablar de las mamografías, uhhhhmmmm, interesante tema. ¿Os habéis preguntado, quien fue el hijo de p… que inventó este sistema?
Hace un mes, me he hecho la revisión de costumbre. Una semana antes ya estaba llorando pensando el daño, que me iban a hacer. Llegas allí y te dicen que pongas una dominga sobre la mesa, que te pongas de lado, que tuerzas la cabeza y mires hacia la puerta, con un brazo hacia arriba y con el codo torcido apoyado en una barra. - Oye, le digo, que no trabajo en un circo, no soy contorsionista. Esta postura es imposible.
Bueno, después de mil maniobras, que si el brazo, que si mira para aquí, pon el cuerpo recto, los pies en 90 grados, que no te muevas… ya ves, moverte, que graciosos, te la estiran toooodo lo que pueden. Hasta ahí más o menos es llevadero. Ahora viene lo peor... Empieza a bajar la placa, oyes el zumbido que hace, quieres huir pero como estás toda retorcida no te da tiempo, sobre todo por los pies, que los tienes en 90 grados y en ese momento te la pillan, JEJEJEJEJIJIJIJO, parece que oyes, dejándotela más plana que el papel de fumar. ¡Diossss! gritas, ¡ME ESTÁS DESTROZANDOOOOOO!.
Aguanta, aguanta un poco más, ya estamos terminando. Y tú con las lágrimas que te caen por toda la cara, el brazo con el codo puesto en una postura imposible, los mocos que se te salen, los pies en 90 grados, la cabeza torcida… y piensas: “madre mía, que todavía me queda la otra” NO PUEDO MASSS, ME VOY A DESMAYAR….. Hasta que por fin, el sádico, o la sádica, según te toque, levanta la presión y ya puedes sacar lo que queda de tu preciosa dominga, y la miras y la acunas entre tus brazos… está toda colorada y casi te llega al ombligo de todo lo que te la han aplastado. Ahora, la otra, te dicen. Sin comentarios. Cuando sales, te sientas y esperas que haya salido bien porque si no LA TIENEN QUE REPETIR. Rezas y das las gracias y besas el suelo y repartes chuches cuando te dicen que te vayas
¿Os imagináis si a los tíos les aplastasen la cola así? Seguro que ya habrían inventado otro sistema. Yo siempre he pensado que esto no tiene que ser nada bueno, pero como las mujeres lo aguantamos todo, pues hala, a joerse y… hasta la próxima.