sábado, 12 de enero de 2013

Porque no quiero que se pierda

Ayer, en mi clase de yoga, me puse a pensar en lo diferentes que habían sido estas navidades en comparación con todas las anteriores. Recordaba nuestros paseos por la calle Goya con las "ocas locas" y las risas que nos echábamos, muertas de frío, viendo a los monos pegarse trompazo tras trompazo en la pista de hielo de la plaza de Dalí. Y las horas y horas que nos tragamos de cola para pasar a la fábrica de los sueños, y lo bien que se portaron todos...

Incluso parecía que hasta las luces de Navidad sabían que ya no estabas, porque hasta la Castellana sólo tenía unas cuantas bombillas tristes, en lugar de ese derroche de cubos de colores que nos empeñábamos en ir a ver en los coches, por más que tuviéramos que aguantar un atascazo y las quejas de los niños.

Y de pronto me entró el pánico ¿y si se borraba este blog por no escribir en el desde hace tanto tiempo? Imposible, me niego a perder lo que habías escrito en el, la gracia que tenías cuando le dabas a la tecla y  tu toquecillo irónico -con su poquito de mala leche-...

Así que he decidido escribir en el de vez en cuando y contarte alguna cosa, aunque ahora tendría que llamarse "Maruja Desesperada". Desesperada porque ya no estás. Desesperada porque es muy injusto que te haya pasado a ti. Desesperada porque no vas a poder ver crecer a los "monos". Desesperada porque no consigo hacerme a la idea de no volver a verte, a escucharte, a reír contigo. Desesperada porque haya sido todo tan rápido. Desesperada por estos meses de dolor por todas partes. Desesperada porque no me puedo ni imaginar cómo debe ser la pena que deben estar pasando todos los que te quieren. Desesperada porque no te pude decir cuanto te quería, aunque creo que lo sabías. Desesperada por lo sola que me siento sin ti, aunque siempre estarás conmigo.

Te quiero