viernes, 27 de mayo de 2011

Hoy es mi cumple

Y he decidido que estoy encantada con que lo sea. La verdad, soy muy petarda para estas cosas, y siempre me ha encantado que me tiren de las orejas, que me canten, que me achuchen... Las otras marujas estresadas lo saben, y las pobres hacen el esfuerzo no sólo de llamarme, sino de sacar el repertorio de canciones: desde la de los payasos de "Feliz, feliz en tu día", al típico "cumpleaños feliz" o nuevas versiones como "Ojalá que te pille un tranvía..." y similares.

Hasta hace dos años. Entonces entré en crisis, y decidí que lo de cumplir años ya no tenía maldita la gracia ¡qué narices, hay cifras que es mejor no nombrarlas...! Lo de los -taitantos tiene un punto al principio, pero luego... Por mucho que digan que los -enta son los nuevos -ta, quieras que no cuesta un poco hacerte a la idea...

Un ejemplo: uno de mis regalos de cumpleaños (bueno, realmente el único, pero ese es otro tema para otro día) fueron unas entradas para un concierto de Juan Perro. Entradas que, por cierto, tuve que comprar yo, que también es tema para otro post... Bueno, el caso es que el concierto ¡era en un teatro! En el Español, para más señas. Y el remate: en un palco. Tócate las narices. Que trauma. ¡Me sentía como las señoronas que van a ver a Raphael...!

Joder, si la última vez que le ví (prefiero no echar cuentas de los años...) fue en unas fiestas de San Isidro o similar, al aire libre, con una litrona en la mano, un cigarro en la otra, saltando como una loca y pintada como una mona. Igualita que ahora: con el tacón puesto, maquillaje discretito, el bolso en las rodillas (todo el mundo sabe que si lo dejas en el suelo se te va el dinero y no está el tema para tentar a la suerte...) cantando para dentro sin que se oyera mucho para no molestar al de al lado y aplaudiendo con corrección entre canción y canción.

Aunque debo reconocer que tiene sus ventajas: cuando dejaba de cantar bajito y me dedicaba a escucharle ¡se le oía! y no como pasa en Las Ventas o en el descampado del Vallehermoso donde plantaban la verbena de las fiestas del Carmen, que solo escuchas los berridos de la gente que te rodea y el zumzumzum de la batería que te rebota en las tripas...

¿Será que me estoy haciendo tana...? Por si acaso, he decidido esto: que me vuelve a encantar cumplir años, que estoy estupenda y que voy a disfrutar de lo que se me ponga por delante. Prueba: Me encanta decir los años que he cumplido. Se que las otras marujas me van a matar por lo que voy a hacer pero estoy dispuesta a asumir el riesgo: He cumplido 43. Uno detrás de otro. Con dos cojones (o mejor dicho, dos tetas colgonas, que se le va a hacer).

Y ya he avisado a V: para los 45, quiero una fiesta de cumpleaños sorpresa. Tiene dos años para prepararla, no se puede quejar. Eso sí, le dejo elegir: o fiestecilla o papeles del divorcio, lo que le resulte más apetecible. Y para los 50: VIAJE. Pero no uno cutre, no, uno bien lejos, bien caro y con pulserita ¡para bebérmelo tó! No sea que luego ya no me de tiempo...

1 comentario:

  1. muchas felicidades por esos 43 y por todos los que están por llegar!

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