O más bien debería decir que odio los aeropuertos. Más en concreto, los dichosos controlitos de seguridad de los viajeros. Como de vez en cuando tengo que hacer algún viaje de trabajo, me toca jugar al tetris con la maleta, porque me he puesto un reto personal: pasar los controles a la primera. Naranjas. Debo tener cara de terrorista loca, porque por una cosa o por otra, siempre me paran. Así que el día antes siempre la misma historia: a buscar el neceser transparente en el que encajar, no se como, el botecito del líquido de las lentillas, el desodorante, la colonia, la laca mini, el frasco de maquillaje... Imposible. Todo para fuera y a intentarlo de nuevo. Al final consigo encajarlo y cerrar la cremallera pero ¡sorpresa! me he olvidado un bote. Vuelta a empezar. Ya lo he apañado y cierro la maleta, increible pero cierto. ¿Qué ocurre? Que de tanto meter y sacar cosas del neceser y la maleta, raro es el día que no se me olvida algo, cuando no es el cepillo de dientes o el piene son las gafas (y como soy un topo, paso unos días muy divertidos intentando no romperme una pierna cuando me quito las lentillas en el hotel) o las medias de repuesto y luego me toca andar lavando y montando el tendedero de la forma más digna posible.
Y ya llega la hora de la verdad: a pasar por el arco. Bandeja para el abrigo, el bolso, el cinturón, el reloj, la pulserita... Otra para el portátil, que tengo que destripar y sacar todos los cables, para que no se quejen. La maleta, aparte; el billete y el DNI en la boca... Total, que acabo sepultada bajo tres o cuatro bandejas y arrastrando la maleta intentando no perder la dignidad. Llego a la cinta, lo pongo todo, paso por el aro ¡y pita! no puede ser, no llevo nada... Allá que viene la vigilante de turno, que empieza a pasarme el puñetero detector por todas partes. Y yo pita que te pitarás. A todo esto, mi maleta y las miles de bandejas, viviendo su propia vida al final de la cinta y la gente mirando con cara rara.
Ala, zapatos fuera por si acaso, vuelta a pasar por el control, vuelta a pitar, vuelta a intentar localizar mis cosas ¿alguien ha pensado que mientras estoy de un lado para otro me pueden estar robando el bolso o el ordenador...? Noooooo, ni les importa un pimiento, faltaría más. Al final me cachean delante de todo el mundo, y como no me piten los empastes, no encuentro otra explicación.
Segunda fase: a abrir el bolso o la maleta. A la ida, me importa menos, dentro de lo que cabe, pero a la vuelta me molesta un congo, porque menuda gracia me hace que todo el mundo vea mi ropa sucia. Yo creo que lo hacen para pasar el rato, porque debe ser un coñazo estar todo el rato mirando la pantallita de las narices, pero podían buscarse otro entretenimiento. ¡Pero la próxima, la paso a la primera, como que soy una maruja estresada!
yo creo q esos arcos están fabricados para que piten sí o sí!!! Me encanta la vida de estas marujas estresadas!
ResponderEliminarSé que no sirve de consuelo, pero a mí me ocurre lo mismo. Creo que tengo implantado un chip cutáneo que reacciona con los arcos de los aeropuertos. Socorro!!!!
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