Hola, marujas. Os contaré que el otro día quedé con Raquel, la maruja creadora del blog. Pues bien, ha hecho un régimen y se ha quedado superbien. Ha perdido nada más y nada menos que 13 kilos. No os asustéis. Está todo controlado. El caso es que me dice: DIANA TENGO UN MONTÓN DE PANTALONES DE CUANDO ESTABA GORDA. MAÑANA TE LOS LLEVO. Le di un tímido gracias. Me los llevó, como 12 o 14 pares. Me los dejó en el salón en un par de bolsas, junto con una crema anticelulítica (será desgraciada). Pero como es tu amiga, pues hala, donde hay confianza.... Se marchó y allí me quedé yo con las bolsas y mi pena. ¿Me los pruebo? No, todavía no. Me voy a poner a régimen, si ella puede yo también. Dejaré los pantalones en el salón como prueba de fe. Me paso la tarde sin comer ni una galleta, ni chocolate, ni pan. Solo un huevo revuelto con un trozo de queso de Burgos. Me llama mi madre ¿Qué haces, hija? Pues ya ves, la contesto. ESTOY A DIETA, MAMÁ. ¿Tú a dieta? Qué barbaridad, pero si tu no estás gorda, ya sabes que en casa todas somos de hueso ancho. ME DA IGUAL, ME QUIERO QUEDAR COMO RAQUEL... Vale hija, pero como caigas enferma... Para mi madre estar delgado es sinónimo de enfermedad. "Donde está la gordura, está la hermosura", me dice. Qué maja. Voy al salón, veo otra vez los dichosos pantalones y me digo, Hala,a probárselos, se fuerte. Me llevo un par al baño, con las piernas temblonas me los empiezo a poner y..... ME QUEDAN GRANDES.... No mucho, pero grandes al fin y al cabo. Mañana la llamo. Pero antes de llamarla, me llama mi madre y me dice: "Hija, no hagas nada de comida, ya te lleva tu padre un buen cocido, con su panceta y su chorizo, su patata... SERÁ CABRONA. En fin, de momento me guardo los pantalones, por si acaso...
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