Ayer quedamos las marujas para tomar unas cañitas y hablar de nuestro tema favorito. Poner verde a los hombres. No os creáis que estábamos solas, NOOOOO, teníamos a nuestros maridos delante, pero es que hemos llegado a un punto de nuestra vida que nos lo sopla todo. Con 42 años, creemos que ha llegado el momento de decir lo que nos salga de las narices. Con dos hijos cada una, entre 7 y 17 años (tela marinera) una casa que siempre está llena de mierda, por mucho que limpies, el trabajo, las comidas, las cenas, los deberes, la compra, la ropa…. En fin, que llegamos a la conclusión que si se nos ponía delante un viejo con pasta, con mucha pasta, le echábamos un polvo, tan tranquilamente. Sin remordimientos de conciencia.
A nuestros maridos se les salían los ojos de las órbitas. Serán putas, pensarían. Sí, sí, putas. Un polvete en un yate, en Puerto Banús, tomándote un mojito y dándote la brisa en la cara, tomando caviar con un buen cava, joyas, vestiditos , un buen coche, levantarte a hora que te dé la gana, no tener que preocuparte por los deberes, pensar sólo en tu chocho… Por Dios, no me lo puedo ni imaginar.
Pues yo no me veo con una vieja, decía mi marido. ¿Por qué será?
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