viernes, 22 de abril de 2011

¡Veeeenga!

Desde que me levanto hasta que me acuesto estoy con el dichoso ¡Veeenga! en la boca. Es que no se me cae ¡qué horror! Venga, niñas, arriba... Venga, niñas, a desayunar... Venga, niñas, vestíos... ¡VENGA QUE PERDEMOS EL AUTOCAR...!!!!
Y con mi marido igual, faltaría más: Venga, V, haz las caaamas... Venga, V, que las niñas tienen que estudiar... Venga, que hay que... Bufff
Una vez intenté contar cuántas veces decía Venga a lo largo de un día, pero cuando llegué a las 150 lo dejé por aburrimiento ¡y eso que no era ni la hora de la comida!
Y mira que es rara la palabreja ¿eh? Pues chica, pocas hay que sean ligeramente igual de efectivas a la hora de conseguir algo de actividad. Porque esa es otra ¿qué es lo que pasa, que hay que estar arreando a todo el mundo a todas horas?? Pues parece que si. Al menos en mi casa, si no oyen el Veeeenga, aqui no se mueven ni las manecillas del reloj...
Alguna vez he soñado con lo maravilloso que sería que cada vez que diga ¡Venga! me dieran unos céntimos ¡seguro que ya tenía para dar la vuelta al mundo!!!

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